Domingo 8º TO: "Cada árbol se conoce por su fruto"
Cada árbol se conoce por su fruto. Seguro que hemos escuchado más de una vez eso de "yo creo en Dios pero no en la Iglesia".
¡Qué pena no darnos cuenta que, como en la vida, en nuestra fe necesitamos de guías, necesitamos mediaciones, necesitamos de personas que acompañen nuestra vida de fe! Pero para ello tenemos que reconocer que solos no podemos. Somos seres sociales por naturaleza, y, por tanto, todas nuestras dimensiones humanas, incluida la espiritual, necesita de la socialización. Necesitamos de personas que guíen nuestra vida de fe, que sepan confrontar nuestras vidas, que sean compañeros de camino con nosotros.
Deja de dar palos de ciego y tómate en serio tu vida de fe, con responsabilidad y compromiso. Deja de echar balones fuera, de buscar excusas, de culpabilizar a los demás... responsabilízate de tu vida, con la ayuda de Dios y con la ayuda de los hermanos. Sólo el que inicia este camino, sabe disfrutar de verdad este proceso. Se hace camino al andar... pero recuerda que este camino no lo haces tú solo. Y recuerda: por tus frutos, te conocerán...
Lectura del santo evangelio según Lucas 6, 27-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.
La medida que uséis, la usarán con vosotros."




