Domingo de Ramos: "¡Bendito el que viene en nombre del Señor!"
¡Bendito el que viene en nombre del Señor! No nos equivoquemos. Lo de la entrada de Jesús en Jerusalén no es ninguna conquista. De hecho, contrasta con otro relato del Antiguo Testamento en el que el rey David conquistó Jerusalén, y entró con su ejército y caballos, danzando por medio de la ciudad mientras que el pueblo entero les alababa... Hoy Jesús entra con las armas de unas palmas y ramas de olivo, entra con su ejército de doce compañeros que todavía no han entendido su mensaje, y entra montado en un... ¿caballo? No, entra montado en un burro... Y es recibido sólo por niños y sus discípulos, mientras que el resto del mundo continúa con su rutina, e incluso algunos confabulando contra Él! ¿A que cambia el cuento así visto?
Y es que nuestro mundo continúa con su rutina, como si nada de lo que hoy celebramos le afectase: sigue habiendo pandemia, y otras enfermedades (que a veces se nos olvida), sigue habiendo guerra en Ucrania, y en otros lugares (que a veces se nos olvida), sigue habiendo paro, maltratos, agresiones, injusticias... Ante un mundo que parece no detenerse, que parece no querer cambiar, hoy Jesús quiere entrar en nuestras vidas con las armas que hemos escuchado en el relato de la Pasión de este día: con la ley del amor y con la palabra "perdón" incluso justo antes de morir.
¿Estás dispuesto a recorrer este camino junto a Él? Si es así, coge estas armas del amor y perdón, sabiendo que tendremos que pasar por la cruz para llegar a resucitar. Jesús quiere entrar en Jerusalén, quiere entrar en tu vida. ¿Le abres la puerta?
Evangelio según san Lucas 19, 28-40
En aquel tiempo Jesús caminaba delante de sus discípulos, subiendo hacia Jerusalén.
Al acercarse a Betfagé y Betania, junto al monte llamado de los Olivos, mandó a dos discípulos, diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente; al entrar en ella, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado nunca. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: “¿Por qué lo desatáis?”, le diréis así: “El Señor lo necesita”». Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho. Mientras desataban el pollino, los dueños les dijeron: «¿Por qué desatáis el pollino?». Ellos dijeron: «El Señor lo necesita». Se lo llevaron a Jesús y, después de poner sus mantos sobre el pollino, ayudaron a Jesús a montar sobre él. Mientras él iba avanzando, extendían sus mantos por el camino. Y, cuando se acercaba ya a la bajada del monte de los Olivos, la multitud de los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto, diciendo: «¡Bendito el rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas». Algunos fariseos de entre la gente le dijeron: «Maestro, reprende a tus discípulos». Y respondiendo, dijo: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras».




